Hipotensión ortostática en el embarazo: comprenderla y prevenirla
Aunque la lactancia materna suele describirse como un gesto natural e instintivo, a veces puede acompañarse de dolor, sobre todo al principio, mientras su bebé y usted encuentran sus referencias. ¿Cómo aliviar el dolor en los pezones y en el interior de los senos? ¿Qué posiciones de lactancia conviene priorizar? ¿Cuándo hay que preocuparse por un dolor durante la lactancia?
Dolor y lactancia: hacemos balance.
Los recién nacidos nacen con el conjunto de reflejos psicomotores y neuroconductuales necesarios para succionar eficazmente. Sin embargo, la transmisión intergeneracional de la cultura de la lactancia se ha ido desvaneciendo en gran medida con el paso del tiempo. Hoy en día, muchas madres jóvenes casi nunca han observado a otra mujer amamantar antes de vivir ellas mismas esta experiencia. Por lo tanto, no han tenido la oportunidad de familiarizarse con los gestos, los mecanismos y las técnicas propias de la lactancia.
Según los trabajos realizados en 2009 en Dinamarca por el profesor H. Kronborg, un posicionamiento inadecuado del bebé al pecho estaría implicado en el 61 % de los casos en los que las madres encuentran dificultades de lactancia. Para amamantar, no existe una única buena posición, sino una gran variedad de posibilidades según sus propias necesidades. La lactancia puede practicarse sentada, acostada, de pie… Lo esencial es que su bebé y usted estén cómodamente instalados. A continuación, algunos ejemplos de posiciones adecuadas para la lactancia:
Un bebé que llora con frecuencia al pecho puede señalar a veces un agarre incorrecto del pezón o una dificultad de succión que conviene identificar rápidamente. Amamantar también exige mucho a su espalda, cuello, hombros y muñecas.
Una mala postura puede provocarle dolores musculares persistentes. Piense en sostener los brazos con cojines, mantener los hombros bajos y acercar a su bebé hacia usted en lugar de inclinarse hacia él. Conviene saberlo: el piel con piel justo después del nacimiento favorece el inicio de la lactancia y ayuda a su bebé a encontrar espontáneamente el pecho. 
El pezón es a la vez una zona muy sensible y muy solicitada durante la lactancia. No es raro que las madres sufran dolor en los pezones cuando amamantan, especialmente durante los primeros días. Cuando se identifican y se tratan rápidamente, estos dolores suelen atenuarse en pocos días.
Al inicio de la lactancia, usted y su bebé deben encontrar la(s) posición(es) adecuada(s) para que las tomas sean eficaces y agradables. Si su bebé no está colocado en la posición correcta o le cuesta succionar, puede pellizcarle el pezón y, por tanto, hacerle daño. ¡De forma involuntaria, por supuesto!
Si su bebé le pellizca el pezón durante las tomas, le animamos a comprobar los siguientes puntos:
Una grieta es una pequeña fisura en el pezón. Las grietas aparecen generalmente durante las primeras semanas de lactancia. En la gran mayoría de los casos, se deben a una posición inadecuada del bebé durante las tomas o a un problema de succión.
Lo primero es asegurarse de que la posición de su bebé durante las tomas sea adecuada y de que no tenga dificultades para agarrarse al pecho (que abra bien la boca y no pellizque el pecho). Para cuidar el pezón, puede aplicar cataplasmas de leche materna o una crema cicatrizante apta para la lactancia. Algunas pomadas están disponibles en la farmacia.
Para prevenir la aparición de grietas, puede masajear el pezón con unas gotas de leche materna después de cada toma. Su leche hidratará el pezón y ayudará a cicatrizar las microgrietas, que acabarán por reabsorberse.
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Durante la lactancia, puede sentir dolor en los senos que puede tener diferentes orígenes. Estas son las principales causas posibles de estos dolores y cómo aliviarlos.
La ingurgitación mamaria suele aparecer durante la subida de la leche o al dejar la lactancia. Los síntomas más característicos de la ingurgitación son:
Como indica su nombre, la ingurgitación se debe a una cantidad excesiva de leche en los senos. Como usted produce más leche de la que su bebé bebe, los senos se ingurgitan. Por eso la ingurgitación es frecuente al inicio de la lactancia (su bebé bebe poco) o al final (su bebé ya no toma con suficiente frecuencia).
Más allá del dolor, una ingurgitación que se prolonga a lo largo de la lactancia puede tener consecuencias tanto para usted como para su bebé. Debido al edema (el bulto duro en el interior del seno), su bebé puede tener dificultades para agarrar el pezón y, por tanto, para succionar, lo que no hace sino agravar la situación. Para usted, una ingurgitación no drenada puede complicarse y evolucionar hacia una mastitis, es decir, una inflamación de los tejidos del seno que describiremos a continuación.
Como ha entendido, la ingurgitación es ante todo un desequilibrio entre su producción de leche y el “consumo” de su bebé. La solución es, por tanto, drenar el seno lo máximo posible. Para corregir este desequilibrio y evitar la ingurgitación, puede empezar asegurándose de que su bebé no tiene dificultades para succionar. Si eso no basta, le animamos a extraerse la leche, drenar usted misma su leche (con un sacaleches o manualmente). Procure no extraer demasiada leche, ya que eso podría estimular la lactancia y tener un efecto contraproducente. Si sufre una ingurgitación, estos son nuestros consejos para aliviar el dolor:
La mastitis corresponde a una inflamación localizada de una zona del seno que afecta a la glándula mamaria. A veces se la apoda “gripe del seno” por síntomas muy similares a los de un cuadro gripal: fiebre, dolores corporales, gran cansancio y sensación de malestar general.
El seno afectado se vuelve caliente, sensible, doloroso y presenta un enrojecimiento a menudo localizado en una sola zona, de manera asimétrica. En caso de mastitis, el sabor de la leche puede modificarse y volverse más salado. A veces ocurre que su bebé rechaza temporalmente el pecho afectado.
Como en el caso de la ingurgitación, la prioridad sigue siendo asegurar un drenaje eficaz del seno afectado. Por lo tanto, se recomienda continuar con tomas frecuentes y aplicar las mismas medidas que para una ingurgitación, incluida la utilización de hojas de col si le alivia.
En cambio, evite los masajes enérgicos, el uso intensivo del sacaleches o las vibraciones (por ejemplo, con un cepillo de dientes eléctrico), ya que estas prácticas pueden aumentar la inflamación. Prefiera masajes suaves y delicados. Para aliviar el dolor y reducir la fiebre, se puede utilizar paracetamol. Si no observa ninguna mejora en 24 horas, es importante consultar rápidamente a un médico. Una mastitis puede requerir un tratamiento con antibióticos y/o antiinflamatorios, la gran mayoría compatibles con la lactancia.
Los conductos galactóforos, que llevan la leche hacia el pezón, pueden obstruirse y provocar dolor en el interior del seno y en el pezón durante la lactancia. La obstrucción del conducto galactóforo suele afectar a un solo seno. Se caracteriza por la aparición de un bulto duro, caliente y doloroso cerca del conducto obstruido.
En algunos casos, también se observa la presencia de una “ampolla de leche” en el pezón. Se trata de una ligera hinchazón de la piel que contiene leche. La obstrucción del conducto galactóforo suele deberse a una ingurgitación, una inflamación o una presión demasiado importante sobre el conducto (por ejemplo, por el sujetador o ropa demasiado ajustada).
Aunque puede desaparecer de manera natural y rápida, se recomienda tratarla. Esto limita el dolor y evita que su bebé se vea molesto durante las tomas a lo largo de la lactancia. Para ello, le aconsejamos drenar los senos, colocarlos en un cuenco con agua caliente o masajearlos suavemente bajo el agua caliente, con la parte posterior de un cepillo de dientes eléctrico. Puede parecer extraño, pero las vibraciones del cepillo pueden contribuir a desobstruir el conducto.
La candidiasis es una infección de la piel provocada por un hongo que se desarrolla sobre todo en ambientes cálidos y húmedos. Puede afectar a diferentes zonas del cuerpo: los pezones y los senos en la madre lactante, pero también la vagina, la boca o la zona del pañal del lactante. A menudo se la conoce con el nombre de “muguet”.
El pezón y la areola pueden verse rosados, brillantes (aspecto lustroso) y a veces ligeramente descamativos. En cuanto a las sensaciones, el dolor suele describirse como profundo, presente durante y después de la toma. Puede acompañarse de quemazón o picor. Algunas madres hablan de sensaciones muy intensas, comparables a puñaladas o a vidrio molido, lo que hace que incluso el contacto de la ropa sea difícil de soportar.
Para orientar el diagnóstico hacia una posible candidiasis, puede intentar mezclar una cucharada de vinagre blanco o una cucharadita de bicarbonato de sodio en un vaso de agua tibia. Empape una compresa con esta solución y aplíquela sobre el seno. Si aparece una sensación de alivio, puede sugerir la presencia de candidiasis.
Es posible intentar, en un primer momento, tratamientos naturales para limitar la proliferación del hongo. El bicarbonato de sodio, por ejemplo, ayuda a modificar el pH cutáneo, lo que puede frenar su desarrollo. El aceite de coco o el extracto de semilla de pomelo también se utilizan a veces por sus propiedades antifúngicas. Sin embargo, la higiene sigue siendo esencial. Se recomienda:
Si estas medidas no bastan para mejorar la situación, es preferible consultar a su profesional sanitario. Entonces podrá prescribirse un tratamiento antifúngico si es necesario. A veces el lactante también presenta candidiasis.
Suele manifestarse por una lengua blanca persistente, que no desaparece con una limpieza húmeda, a veces asociada a molestias durante las tomas. Un enrojecimiento intenso e inusual en la zona del pañal también puede orientar hacia este diagnóstico. En ese caso, podrá prescribirse un tratamiento antifúngico adaptado al bebé, por lo general en forma de jarabe o gel bucal. 
La lactancia debe ser un placer tanto para usted como para su bebé. Para disfrutar plenamente de este bonito momento, puede recurrir a profesionales de la lactancia que le ayudarán a preparar y vivir su lactancia desde los primeros días hasta el destete.
Los consultor·e·s en lactancia IBCLC (International Board Certified Lactation Consultant) son exper·e·tos en lactancia formados para acompañarle en todas las etapas de su lactancia. Disponen de una certificación revalidada cada 5 años que les permite estar al día de los últimos conocimientos sobre lactancia.
La lactancia suele presentarse como un gesto natural e instintivo. Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta de lo que usted había imaginado. Cuando la experiencia no corresponde a sus expectativas, puede sentir decepción e incluso una profunda culpa. Algunas mujeres minimizan su recorrido, se reprochan sus “fracasos” o estiman que no han “realmente” dado el pecho.
Desde el embarazo, la cuestión de la alimentación de su bebé suscita opiniones y recomendaciones. Entre discursos médicos, consejos del entorno y normas sociales, las exigencias son numerosas. Ya sea amamantar o dar biberón, cada elección parece sometida a la mirada de los demás.
A esta presión externa se suma a menudo una exigencia interna: querer ser una madre perfecta, eficiente en el trabajo e irreprochable en casa. Sin embargo, el posparto es un momento de grandes cambios físicos y psíquicos. Recuerde que la perfección no existe.
El nacimiento de un hijo también va acompañado del nacimiento de una madre. Esta transformación profunda, llamada “matrescencia”, corresponde a los reajustes físicos y psíquicos ligados a la maternidad. Es un período sensible, a veces desestabilizador, que merece suavidad y benevolencia hacia una misma. No existe una única manera correcta de ser madre, ni una duración ideal de lactancia. Su vínculo con su hijo no se resume en su modo de alimentación.
Tres semanas, tres meses o un año: la duración que fue la suya es la que correspondía a su realidad del momento. En lugar de decir “solo di el pecho tres semanas”, ¿por qué no pensar “di el pecho tres semanas”? En resumen, los dolores relacionados con la lactancia son frecuentes, sobre todo al principio, pero nunca deben banalizarse.
Pellizcos, grietas, ingurgitación, conductos obstruidos o candidiasis: en la gran mayoría de los casos, estas situaciones tienen soluciones sencillas y eficaces cuando se atienden rápidamente. No olvide que amamantar se aprende, tanto para su bebé como para usted. Ajustar una posición, mejorar el agarre, drenar una ingurgitación o consultar en caso de dolor persistente puede transformar su experiencia. No tiene por qué quedarse sola frente al dolor.
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Créditos de las fotos: YuriArcursPeopleimages | zamrznutitonovi | monkeybusiness
Este texto ha sido traducido del francés por una inteligencia artificial. La información, los consejos y las fuentes que contiene están conformes con las normas francesas, por lo que pueden no aplicarse a tu situación. Te recomendamos complementar esta lectura accediendo a la aplicación May ESP y consultando a los profesionales de la salud que te acompañan.
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